El planeta: Con la humanidad o sin ella
Es por muchos años que la humanidad ha utilizado los recursos naturales para su propio beneficio, haciendo decisiones sobre la fauna, flora, aire, suelos y aguas en razón de su existencia y de sus ambiciones de corto plazo. Los recursos parecían ilimitados y, por tanto, no importaba mucho para los seres humanos cuántos desechos, contaminación o degradación del ambiente generábamos.
Reconociendo que ya no era más viable seguir produciendo sin tomar en cuenta la base natural que les rodeaba, es que en la década de 1980 comienza el mundo a públicamente percatarse de que podríamos estar haciendo daños al ambiente cuando la Comisión Mundial para Ambiente y el Desarrollo establecida por la ONU dio a conocer, en 1987, su reporte titulado: "Nuestro futuro común", donde nos alertaba ya de los impactos negativos del estilo de vida y del comercio, y que la biosfera podría no ser capaz de asimilarlo. Este reporte fue ampliamente difundido en la Cumbre de Desarrollo Sostenible, celebrada en Río de Janeiro en 1992.
Han tenido que transcurrir unos 20 años para que el mundo comenzara a reconocer que de repente ya habíamos sobrepasado la capacidad del planeta de sostener a las sociedades humanas, y que era posible que estuviéramos en el límite del punto de "no regreso". El calentamiento global, producido por las emisiones de gases efecto invernadero, entre estos el dióxido de carbono, es parte de esa luz roja que fuera pronosticada en ese entonces.
Las evidencias científicas y las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático indican que el planeta se calienta a una velocidad nunca antes vista, los glaciares se derriten de manera sorprendente y las capas de hielo que están sobre continentes tales como Antártica se pierden hacia el mar. Con un calentamiento de la capa superficial terrestre, que hacia el 2100 podría superar los 5 grados centígrados (ya nos calentamos 0.7 grados desde la era pre–industrial); una elevación del nivel del mar, que se predice podrá estar en el rango de 1– 1.5 metros, y un calentamiento del océano que aumentará la posibilidad de fuertes huracanes, los impactos pronosticados no deben ser menospreciados. Entre los impactos esperados están: el aumento de las lluvias en algunos sitios o de sequías en otros, aumento de enfermedades tropicales, bajo rendimiento agrícola, extinción de especies, huracanes más frecuentes y de mayor intensidad, por mencionar los más importantes.
Estas evidencias y alertas, ayudadas por la campaña del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, han hecho despertar a la humanidad y han contribuido a elevar un poco el nivel de comprensión de esta problemática por parte de políticos, inversionistas, gobiernos y de los individuos en general.
Pero, ¿qué podemos hacer como país si la mayor parte de las emisiones se da en países industrializados? Debemos hacer bastante. Poco se ha difundido el hecho de que la segunda mayor causa del calentamiento es la deforestación en países tropicales como el nuestro, la primera causa sigue siendo el sector energético con 24%. Un 20% de las emisiones proviene de la tala y pérdida del bosque; es decir, que en nuestras manos está el 20% de la solución que no es tan simple, pero que debemos confrontar. Pero si por un lado están los culpables, por el otro están los afectados; es decir, en países como Panamá somos vulnerables al cambio climático y debemos prepararnos para reducir sus efectos en todos los campos del desarrollo. Es, en este momento, en que la conservación de los ecosistemas concluye con la problemática del cambio climático.
Mientras más desprotegidos estamos, sin bosques, manglares, arrecifes coralinos, agua limpia, suelos estables, investigación y por último, sin una planificación del territorio cónsone con la problemática global y ambiental, más vulnerables seremos y habremos fracasado como país. Y tan simple como que nuestro Producto Interno Bruto podrá desplomarse de forma sorprendente porque hicimos caso omiso a lo que los científicos del mundo nos vienen alertando. Entonces, y solo entonces, comprenderemos que la humanidad no tenía el control de los recursos naturales, que dependíamos de estos para la propia sobrevivencia y bienestar del ser humano y que nuestro país no era una excepción.
Celebremos hoy el Día de la Tierra, pero más que eso la vida sobre ella, tal cual la conocemos con toda su biodiversidad y plenitud. Celebramos la vida, al mismo tiempo que exhortamos como sociedad civil organizada desde la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), a gobernantes, empresarios, partidos políticos y ciudadanos a unir esfuerzos con la comunidad global, y a prepararnos como país para afrontar el calentamiento global, y ya hay buenos ejemplos en los que el mundo se ha unido por causas globales y ha tenido éxito. La Tierra seguirá su existencia por millones de años, pero la raza humana podrá no estar sobre ella. ¡Mundo y país, a la acción!

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