FECHA: 2009/10/04
Harley J. Mitchell Morán
opinion@prensa.com
Uno de los éxitos del ambientalismo moderno es el hacer de conocimiento común las causas y consecuencias del cambio climático global. Hoy se conoce que la producción de gases de efecto invernadero, que calientan la tierra al atrapar el calor del sol, mientras que se deforestan los bosques, que sirven de sumidero a algunos de esos gases, provoca comportamientos extremos del sistema climático del planeta.
Aquellos pasan por alterar el patrón de lluvias, su intensidad, distribución y ocurrencia, el aumento progresivo de temperatura promedio del planeta fomenta el derretimiento del hielo de los polos con el subsecuente levantamiento del nivel del mar, pérdida de espacio en sistemas insulares y costeros, súbitos cambios en el comportamiento de los ecosistemas que afecta la capacidad de supervivencia de las especies que los componen, el aumento de la incidencia e intensidad de fenómenos relacionados como la desertificación, el Niño y La Niña, así como la nueva distribución geográfica de enfermedades tropicales, son sólo algunos de los hoy conocidos efectos de este fenómeno producido por el ser humano.
Los organismos internacionales reaccionaron acumulando la información científica relevante, que se convirtió en parte de su agenda. Los instrumentos jurídicos resultantes, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992 y el Protocolo de Kioto de 1997 son referencia para los países en general y aquellos listados como causantes de la situación en particular, bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, todo con el objeto de estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero y de preparar a los países para los efectos negativos de este fenómeno sin disminuir su competitividad económica.
Aún así, hace falta más acción a nivel interno de los países. Las conductas de los diversos actores sociales deben evolucionar para empezar a soñar con enfrentar seriamente al cambio climático. Este no puede combatirse con eficacia ejecutando el mismo modelo de desarrollo que tenemos hoy en Panamá y la región. Con la información técnica disponible ya es hora de que el ordenamiento jurídico se actualice de cara a este reto ambiental transversal. Ya nuestro país cuenta con políticas claras en el tema: la Política Nacional de Cambio Climático, formalizada a través del Decreto Ejecutivo No. 35 de 25 de febrero de 2007, que a su vez ha generado la primera comisión de trabajo gubernamental con el Decreto Ejecutivo No. 1 de 9 de enero de 2009.
La Segunda Comunicación Nacional sobre Cambio Climático que expida el Gobierno panameño a través de la Anam debe contar con los insumos necesarios para analizar la necesidad de actualizar la legislación nacional sobre diversidad biológica y el manejo de ecosistemas marinos y costeros, la contaminación por gases, instrumentos de gestión ambiental y reglamentaciones industriales, así como controles sanitarios entre otros temas. Lo que hace falta, más que estar conscientes del problema, es la formulación y aplicación de un ordenamiento jurídico debidamente adaptado a este complejo desafío.
FECHA: 2009/10/04
JOSÉ ARCIA
jarcia@prensa.com
El Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se preparan para incidir en las políticas gubernamentales de la región sobre el cambio climático.
SICA y UICN, con el apoyo financiero del Gobierno de Dinamarca, realizaron en Panamá, los pasados días 29 y 30 de septiembre, un taller para fortalecer la participación ciudadana. En la actividad hubo información sobre los impactos del cambio climático en Centroamérica, y se dio a conocer un resumen de los acuerdos internacionales y regionales sobre el fenómeno.
Rosabel Miró, vicepresidenta de UICN, dijo que también se dieron a conocer las actividades de los grupos organizados para contrarrestar el cambio climático. Citó el ejemplo de Guatemala, donde se creó la Mesa Nacional de Cambio Climático, un espacio donde el Gobierno y los civiles dialogan para la búsqueda de alternativas concertadas, con el fin de alcanzar una mejor gestión socio-ambiental.
A juicio de Miró, son modelos de trabajo que se deben aplicar en el resto de los países. En Panamá se deben crear alianzas con las universidades y centros de investigación que apoyan a la Autoridad Nacional del Ambiente, dijo.
FECHA: 2009/06/27
efe. londres, inglaterra
El primer ministro británico, Gordon Brown, pidió ayer la creación de un fondo internacional de cien mil millones de dólares para que permita ayudar a los países menos desarrollados a adaptarse al impacto del cambio climático.
Así lo señaló Brown al presentar ayer en el zoológico de Londres el plan de su gobierno de cara a la conferencia sobre cambio climático que tendrá lugar a finales de año en Copenhague. Según el “premier”, los países desarrollados deben facilitar ayudas a las naciones en desarrollo para permitir que sus economías puedan crecer al tiempo que se adaptan al cambio climático.
Brown propone trabajar con una cifra en torno a los cien mil millones de dólares al año para 2020 y prometió que el Reino Unido aportará su parte correspondiente, pero espera que otros países desarrollados puedan hacer lo mismo.
“En los últimos años, el mundo se ha dado cuenta de lo que supone el cambio climático. Pero la verdad es que aún no nos hemos unido para actuar contra ello. Copenhague debe ser el momento de hacerlo”, resaltó el jefe del Gobierno.
“Si actuamos ahora, si actuamos juntos, si actuamos con visión y resolución, el éxito de Copenhague puede alcanzarse. Pero si vacilamos, la Tierra corre un riesgo”, agregó.
El primer ministro consideró esencial reducir las emisiones de gases contaminantes y cree que en el año 2050 deberían reducirse a la mitad.
FECHA: 2009/05/15
dpa. manado, indonesia
El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, hizo ayer un dramático llamado a favor de proteger los mares y océanos del mundo, en un discurso ofrecido en la primera Conferencia Mundial sobre los Océanos que se celebra en Manado, Indonesia.
“Es una cuestión de vida o muerte”, afirmó. Millones de personas viven en zonas costeras y dependen de los recursos marinos, pero los océanos y mares están en riesgo por la contaminación, la sobrepesca y el cambio climático. Los participantes en la conferencia, representantes de más de 80 países, aprobaron una declaración en la que se comprometieron a proteger los mares e instaron a la comunidad internacional a tener en cuenta la preservación de las regiones costeras y océanos en las negociaciones que se llevarán a cabo en diciembre en Copenhague para la elaboración de un nuevo acuerdo de protección del clima en la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático.
Asimismo, pidieron que se presenten proyectos concretos para la protección del mar ante el fondo internacional para adaptación al cambio climático, para obtener financiación. “Debemos frenar la destrucción de los recursos marinos y costeros”, exhortó Yudhoyono. “Debemos protegerlos de la depredación por el ser humanos y su uso excesivo, así como de las consecuencias dañinas del cambio climático. Debemos protegerlos para las futuras generaciones, para que puedan vivir libres de las cadenas de la pobreza”. Hoy se reunirán por primera vez los seis jefes de Estado del Triángulo del Coral, una gigantesca región entre Filipinas, Malasia, Indonesia, Papua Nueva Guinea, Timor Oriental y las Islas Salomón, que alberga los arrecifes de coral con mayor biodiversidad del mundo.
FECHA: 2009/04/22
RAISA BANFIELD ESPECIAL PARA LA PRENSA
vivir+@prensa.com
No sé qué tanto los panameños -gobernados y gobernantes- tenemos conciencia de que estamos inmersos en un cambio climático y que nuestro país es sumamente vulnerable ante esta realidad inminente. Realidad frente a la que algunos utilizan la negación como vía de escape para justificar la irresponsabilidad de sus acciones y eludir el compromiso de cambio que todos y cada uno tenemos que asumir hoy.
Lo cierto es que el cambio climático es real, tenemos que convivir con éste aunque no queramos y las opciones son dos: o nos adaptamos o sucumbimos. No se trata de una profecía apocalíptica, ni de vaticinios supersticiosos. Se trata de hechos: fuegos arrasadores, sequías e inundaciones sin precedentes han destruido comunidades enteras en el mundo.
Cuatro años de sequía en gran parte de África ocasionó que un aproximado de 40 millones de personas padezcan hambre. Las inundaciones masivas en Alemania han costado, por lo menos, 13 mil millones de dólares.
Terribles tormentas al norte de Italia, con granizos del tamaño de una pelota de tenis, destruyeron cosechas sobre una gran extensión, y la sequía en Europa Meridional redujo drásticamente las cosechas. Más de mil 500 personas murieron en India debido a que las temperaturas alcanzaron los 49º C.
En Europa, la pasada década fue la más calurosa de los últimos 500 años. Se han dado temperaturas casi récord en Canadá, Estados Unidos, Hawai, China, Rusia y Alaska.
Todas las mediciones científicas, incluidas las de la Nasa, constatan que el nivel de los océanos está aumentando en forma sostenida y los glaciares se derriten a un ritmo acelerado a causa de un aumento en la temperatura. Los glaciares de la Patagonia chilena y argentina, la mayor masa de hielo del Hemisferio Sur después de la Antártida, se derriten más rápido que cualquier otro glaciar en el mundo, tanto que ha llegado a desaparecer la cantidad de 42 mil millones de metros cúbicos al año.
Ante este panorama, el cambio climático puede ser visto como una barrera para el desarrollo en términos de los recursos que se perderán o que deberán reasignarse para adaptarse a sus efectos negativos.
Sin embargo, muchos preferimos verlo como una oportunidad para buscar un desarrollo de mejor calidad.
Lo cierto es que adaptabilidad al cambio implica planificación, valoración de los recursos naturales, capitalizar las inversiones económicas que hacen un aprovechamiento sostenible de los mismos y desechar aquellas que lo despilfarran y en consecuencia dejan daños irreversibles, como la minería metálica.
La tendencia a destruir las costas y manglares para introducir todo tipo de proyecto urbanístico y comercial es una falta de visión y de responsabilidad que nos lleva totalmente al lado opuesto de la sostenibilidad.
Planificar para el desarrollo implica también desechar industrias que son insostenibles por definición.
Bajo el concepto de aplicación de buenas prácticas no podemos señalar que todo se puede hacer, como país debemos tener la voluntad política y criterio basado en el conocimiento de la problemática ambiental para desechar lo insostenible y promover los negocios que respeten el futuro de las generaciones que vendrán.
“Porque la naturaleza no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.
Nos tocará a todos rendir cuentas.
La autora es la directora ejecutiva del Centro de Incidencia Ambiental-Panamá.
FECHA: 2009/02/14
TAMARA DEL MORAL
tdelmoral@prensa.com
Cuando se altera la química atmosférica, además de producirse polución, se potencia el efecto invernadero natural, con un consecuente calentamiento del planeta.
El aumento de las temperaturas en la atmósfera y en los océanos, y los cambios que se están produciendo en el clima tienen efectos adversos en los ecosistemas naturales y en el hombre.
En materia de salud, durante décadas se han atribuido enfermedades como la malaria, dengue, etc. a factores como los cambios demográficos, el colapso de medidas de salud pública, etc. y más recientemente, al cambio climático.
Las temperaturas muy altas se han asociado a enfermedades, algunas causadas por la carga térmica y otras por vectores que proliferan en ambientes más calientes y húmedos.
Además, a medida que el clima se hace más cálido, la condición de quienes tienen enfermedades cardiovasculares, renales o diabetes puede agravarse, explica el médico Tord Kjellstrom, del National Centre for Epidemiology & Population Health, de la Universidad Nacional de Australia, quien participó en un congreso sobre cambio climático y salud en la Universidad de Panamá (UP).
Por otra parte, una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, además de las repercusiones ambientales, económicas, sociales y psicológicas que conlleva, aumenta la morbilidad y mortalidad en la población.
Muchos de los desastres ambientales se deben a la ausencia de compromiso político, estima Vicente Bayard, epidemiólogo del Instituto Conmemorativo Gorgas.
Añade que no existen datos en el mundo que permitan hacer una correlación entre el cambio real [del clima] y las enfermedades. En su opinión, existen estudios preliminares que sirven para generar hipótesis, pero deben hacerse estudios más controlados y específicos.
Explica que si bien el ambiente puede influir en muchas enfermedades, puede que no sea la causa necesaria, y que a veces, una gran proporción de éstas, se pueden prevenir con “intervenciones costo-efectivas”, como dotar a la población de agua limpia.
SALUD OCUPACIONAL
En el ámbito laboral, la exposición a elevadas temperaturas afecta la producti- vidad del trabajador y en sitios donde están expuestos a químicos, puede potenciar el riesgo de éstos para la salud, opina Kjellstrom.
Por su parte, el doctor Pedro Vinda, de la Caja de Seguro Social en Chiriquí, explica que el aumento de la carga térmica durante las horas de trabajo disminuye la habilidad física del trabajador y lo predispone a los accidentes.
Muchas veces, señala, en Panamá se registran casos como síncopes o desmayos, pero no existe un registro o estudio que revele realmente cuántos trabajadores han sido afectados por temperaturas extremas, sobre todo en el campo.
La deshidratación crónica puede producir enfermedad renal crónica, que es como una “epidemia” entre los cortadores de caña en El Salvador y Nicaragua, dijo Kjellstrom. “Es terrible, y con el cambio de clima va a empeorar”, estima.
RECOMENDACIONES
Cada país debe tener una visión a largo plazo para adaptarse al cambio climático, opina Kjellstrom. Añade que es importante usar nuevas tecnologías para mejorar la salud, y en el sector laboral, que los empleadores hagan ajustes para mejorar la calidad ambiental en el sitio de trabajo, por ejemplo, instalando ventiladores y reduciendo la exposición de los trabajadores a temperaturas muy altas.
“Pueden trabajar temprano o en la noche. En sitios de Australia, los que hacen carreteras en la época más caliente, trabajan en la noche”.
Recomienda calcular el estrés del calor sobre el cuerpo, usando el Índice de Temperatura de Globo y de Bulbo Húmedo (WBGT). Este mide la temperatura de evaporación, temperatura global y la del aire, y se debe tomar en cuenta si el trabajador está en interiores o exteriores.
La idea es que, dependiendo de las condiciones, alterne periodos de trabajo con descanso para evitar que se vea afectada su salud.

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