Palabras del Discurso del Presidente Junta de Síndicos de ANCON, Raúl Arias de Para
Presidente de ANCON
Cena de Gala
ENCUENTRO DE LÍDERES POR LA CONSERVACIÓN
28 de enero de 2009, Hotel Sheraton, Ciudad de Panamá
Sean mis primeras palabras para agradecer sinceramente a todos los presentes por acompañarnos en este Encuentro de Lideres por la Conservación. Su apoyo es muy importante para nosotros y su presencia nos alienta y nos estimula para seguir adelante.
El común denominador que nos une esta noche es nuestro interés en la conservación. Si no nos interesara el medio ambiente no estaríamos aquí. Y, a nosotros en ANCON, por qué nos interesa la conservación de la naturaleza?
Para contestar esta pregunta les voy a contar un cuento, es una historia verídica que sucedió el 10 de Enero de 1854, hace 155 años, en el Noroeste de los EEUU.
En esa ocasión el Gobernador del entonces Territorio de Washington le propuso comprarles sus tierras a una de las tribus más numerosas de la región. El jefe de esa tribu se llamaba Seattle y la capital del Estado de Washington lleva hoy su nombre.
El Jefe Seattle, a quien la historia describe como un hombre osado, de gran coraje y liderazgo, de una altura por encima del promedio y muy buen orador en su lengua materna, contestó así la propuesta recibida:
“ ¿Cómo se puede comprar o vender la tierra o el firmamento? Dicha idea nos es desconocida.
Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?
Cada parcela de esta tierra es sagrada, cada árbol de pino, cada grano de arena, cada gota de rocío, y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo.
Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros
Por todo ello, cuando el Gran Jefe Blanco nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.
Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.
Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra.
Esto sabemos, todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.
Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.
Y esa es precisamente la razón de nuestros desvelos y la principal justificación de nuestra labor.
Estemos empeñados en conservar la naturaleza porque en última instancia el bienestar de la familia humana depende del estado de los ríos, de los bosques, del mar y del aire. Todo va enlazado.
Por supuesto que nos gusta observar aves en las montañas del Valle de Antón, darnos un chapuzón en los ríos helados de Boquete, bucear entre los corales de Bocas del Toro y Kuna Yala, caminar lentamente por los bosques milenarios del Darién, y queremos que los hijos de los hijos de todos nosotros puedan hacer lo mismo en su debido momento, pero la verdadera razón, la causa preponderante de nuestra misión, es el bienestar de la familia humana.
Y a esta noble tarea los invitamos a todos Uds. muy cordialmente.
Muchas gracias.

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